Una criatura mística es el Akachikow. Cuando menos lo esperas estás dentro de su sueño. Divagando por los mundos, atravesando las aguas de la inmensidad. Conociendo tus otros destinos, tus otras vidas, las que fueron y las que no. Es el deseo de todo mortal vivir ese sueño. Nadie quiere despertar de él.
Estábamos escapando, no se de qué. Pero subíamos una pared de ladrillos adornados, que tenían unos huecos donde podíamos escalar, no era muy alta la pared, menos de un metro. Una vecina nos ve por la ventana iluminada, era de noche, y reacciona para que no nos vayamos a lastimar, o, mejor dicho, que el no se lastime. Porque yo estaba en su mente no sé por qué razón y el me hablaba, asustado. Pero ¿Dónde estaba yo? Sin importarme en ese momento, siento la brisa fresca de la playa sobre mi rostro, tan suave en la piel y tan relajante. El abre los ojos y esta sentado en un sillón, hay un ventilador, también veo lo que él ve, un televisor y una alfombra, todo se ve normal. Pero su padre esta asustado, nos habla y no le entendemos, se va a tomar el teléfono, parece que para llamar a un médico. En ese momento, el que estaba junto a mí en la mente o donde fuera, le dice “Espera papá”, el padre cuelga el teléfono y se acerca asombrado, como si fuera la primera vez que hubiese pronunciado ...
Si querías avanzar, ya es tarde. Las ciudades son infinitas. Mientras que se expande el territorio se crean copias de ti mismo, en entornos similares. Las ciudades quedan cada vez mas lejos de lo que estaban antes. Una cuadra es el doble de lo que fue ayer. Y seguirá expandiéndose en circulos. Una piedra es igual a otra, una playa, una isla. Se van copiando sin fin a tu alrededor. No importa donde estés hoy. Estarás mañana en otro lugar, similar. Ya te he visto antes, ya me he visto antes y me veré otra vez. En el sinfín del dibujo, en cada pagina de cualquier libro, en cada hoja del otoño, en cada error de la humanidad.
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