Ruido de arena cayendo en el agua de lirios. Arena de la piel del mar. Suave como el sol en la noche puesto en la luna. Frágil como los ojos de la luz.
Una criatura mística es el Akachikow. Cuando menos lo esperas estás dentro de su sueño. Divagando por los mundos, atravesando las aguas de la inmensidad. Conociendo tus otros destinos, tus otras vidas, las que fueron y las que no. Es el deseo de todo mortal vivir ese sueño. Nadie quiere despertar de él.
La figura de aquel antiguo edificio, hace sombras en la pared vecina. Las formas danzan al compas de la luz y brotan de los ladrillos, cobrando vida propia. Salen a caminar las casas y los faroles, mientras que el sol brille en el día. Al llegar la noche se convierten en el aire del lugar, junto con la neblina.
Estábamos escapando, no se de qué. Pero subíamos una pared de ladrillos adornados, que tenían unos huecos donde podíamos escalar, no era muy alta la pared, menos de un metro. Una vecina nos ve por la ventana iluminada, era de noche, y reacciona para que no nos vayamos a lastimar, o, mejor dicho, que el no se lastime. Porque yo estaba en su mente no sé por qué razón y el me hablaba, asustado. Pero ¿Dónde estaba yo? Sin importarme en ese momento, siento la brisa fresca de la playa sobre mi rostro, tan suave en la piel y tan relajante. El abre los ojos y esta sentado en un sillón, hay un ventilador, también veo lo que él ve, un televisor y una alfombra, todo se ve normal. Pero su padre esta asustado, nos habla y no le entendemos, se va a tomar el teléfono, parece que para llamar a un médico. En ese momento, el que estaba junto a mí en la mente o donde fuera, le dice “Espera papá”, el padre cuelga el teléfono y se acerca asombrado, como si fuera la primera vez que hubiese pronunciado ...
Comentarios
Publicar un comentario